El extraño mundo de las compras virtuales

El extraño mundo de las compras virtuales


El otro día intenté hacer las compras por internet, la verdad nunca me ha entusiasmado mucho la idea, pero decidí ser una millenial normal y darle una oportunidad.

Al principio fue muy sencillo, todo estaba organizado por secciones y era bastante fácil encontrar los productos que ya conocía para ahorrarme el tiempo de recorrer todos los pasillos de una tienda normal.

Después, la situación se puso interesante cuando intenté comprar un vestido, ya que solo tenía como referencia algunas fotografías, seguramente muy editadas con Photoshop, en las que no podía confiar demasiado. Cuando por fin seleccioné el vestido, elegir la talla fue un verdadero desafío al tener como único punto de referencia a esas modelos europeas perfectamente producidas.

Posteriormente decidí comprar maquillaje, probablemente los hombres que estén leyendo esto no tienen mucha idea, pero en este tipo de cosas es importantísimo que los colores sean muy exactos. La imagen mostrada y el nombre cursi de cada tono de maquillaje no ayudaron mucho, en ese momento anhelé más que nunca a esa señorita que te pregunta “te puedo ayudar en algo” para posteriormente sacar todos los probadores y que puedas realmente conocer el producto antes de comprarlo.

¿Por qué alguien habría de pasar por tanto acertijo cuando pueden ir a la tienda a corroborar que lo que vas a comprar realmente huela o sepa a lo que dice la etiqueta? vamos, uno necesita asegurarse de que lo que compras se vea bien en uno o que sea adecuado el material o la textura.

Simplemente diré que no entiendo cómo la gente puede comprar de esa manera. Sin duda alguna, no hay nada como entrar a una tienda corroborar si está el producto que buscas, leer el empaque y preguntarle al dependiente si ese producto realmente sirve para lo que necesitas, o incluso cómo se usa.

He de confesar que no me encanta que las marcas saquen productos exclusivos para venta en línea o que haya descuentos exclusivos en internet, entiendo que se ahorran mucho dinero, pero aún así, sigo siendo partidaria de las marcas que invierten en un buen merchandising, las que se preocupan por tener personal amable y capacitado que te asesora para tomar una decisión o incluso hasta buena luz en el probador, porque todo eso vale la pena y cada detalle cuenta al acercarse al cliente e intentar conocer su reacción. Al final no solo se trata de comprar algo, sino a conocer un producto y vivir una experiencia.

Lo maravilloso sería que la tienda tuviera ya todo lo accesible y sencillo de una tienda en línea: pagar fácilmente, recibir sugerencias desde mi teléfono móvil o compartir lo que me gusta con más gente en la red. ¿Y si hacemos lo físico más offline?